Feb 11, 2016

Ashes and Lent - Las cenizas y cuaresma

Las cenizas representan el polvo de la tierra en la que, a causa del pecado de Adán, debemos todos volver. A pesar de nuestras miradas, de valores o lo que podría aferrarse a la vida, este polvo de ceniza nos recuerda que todo lo que, a causa de la infestación del pecado en nuestras vidas y su efecto en la creación, todas las cosas ultimamente se convierten en polvo. Incluso el universo, en su propio tiempo, vuelve al polvo cósmico. Con este pensamiento nos mantiene humilde.
Nos marcaan con el signo de la cruz. Hecho de cenizas, no es una hermosa cruz. Es feo. Esto nos recuerda que Jesucristo, que no tenía ninguna mancha de pecado, tomó sobre sí mismo, el la fealdad de todos los pecados y su aguijón - la muerte. No es una cosa bonita.
La cruz se traza en la frente, la parte más expuesta de nuestro cuerpo. Cristo no fue crucificado a puertas cerradas, en privado o en un lugar apartado. Su muerte fue pública. La cruz en la que colgó era para todo el mundo lo viera. Para los soberbios, la cruz es una vergüenza. Para el pecador arrepentido, la cruz inspira la humildad y la gratitud a Cristo para pagar el precio que pagó por mis pecados, cuando debería haber sido yo el castigado y no él.
Finalmente, las cenizas pronto se lavaran. La cruz no es nunca la última palabra. La resurrección de entre los muertos es. Que este tiempo santo de Cuaresma nos lleve a través de la cruz de Cristo, y no alrededor de ella, sino que permita la cruz, como una brújula, que nos apunta en la dirección de la celebración del domingo de la resurrección del Señor. Oremos para que el día de el último juicio, nosotros también participemos en su triunfo de manera que cuando el polvo se soplado lejos, nos encontramos transformados en una nueva creación y vivir para siempre con él, el nuevo y Jerusalén celestial, con todos los ángeles y santos. Hasta que llegue ese día, oremos por a nosotros mismos ya los demás, que las disciplinas y devociones de este tiempo santo se llevan juntos en esta dirección.

Ashes stand for the dust of the earth into which, because of the sin of Adam, we must all return. Regardless of our looks, securities or what we might hold onto for life, this dusty ash reminds us that everything, because of the infestation of sin in our own lives and its effect on creation, all things ultimately turn to dust. Even the universe, in her own time, returns to cosmic dust. With this thought we are kept humble.

We are marked with the sign of the cross. Made of ashes, it is not a beautiful cross. It’s ugly. It reminds us that Jesus Christ who had no stain of any sin, took upon himself, the ugliness of all sins and its sting – death. It is no pretty thing.

The cross is traced on our forehead, the most exposed part of our body. Christ was not crucified behind closed doors, in private or in a secluded place. His death was public. The cross on which he hung was for the whole world to see. For the proud, the cross is an embarrassment. For the repentant sinner, the cross inspires humility and gratitude to Christ for paying the price he paid for my sins when it should have been me punished and not Him.

Finally, the ashes will soon wash off. The cross is never the last word. The resurrection from the dead is. May this holy season of Lent lead us through the cross of Christ, and not around it, but instead allowing the cross, like a compass, to point us in the direction of the Sunday celebration of the Lord’s resurrection. Let us pray that on the day of final judgment, we too will share in his victory so that when the dust is blown away, we will find ourselves transformed into a new creation and live forever with him the new and heavenly Jerusalem with all the angels and saints. Until that day comes, let us pray for ourselves and each other, that the disciplines and devotions of this holy season will lead us together in this direction.

He Ascended into Heaven

Not so long ago, I had the opportunity, a privilege, to offer the graveside prayers at our Catholic cemetery in San Diego. Founded in 19...